viernes, 15 de enero de 2010

Las comparaciones son odiosas


Por mucho que a veces cueste decirlo, sigo defendiendo la libertad de expresión. Creo que todos tenemos el mismo derecho a expresarnos libremente. Sólo pongo una condición, y es la responsabilidad, que debería ir aumentando según la posición que ocupe cada cual en nuestra sociedad. Es decir, aquellos que tienen (por el motivo que sea) la posibilidad de influir en otras personas, por estar en algún puesto de relevancia social, deberían ser al menos algo cuidadosos en lo que expresan, no por ellos mismos como individuos, sino por el efecto que podría causar en aquellos que de alguna forma puedan tomarlos como referentes de alguna clase.

Digo esto por dos declaraciones bastante escalofriantes que he escuchado o leído en referencia a la tragedia que asola Haití. Una de ellas viene desde los EEUU, país que cuenta con bastante gente "peculiar", por decirlo de alguna manera. La otra es algo más cercana:

-Pat Robertson, al parecer un famoso teleevangelista allí en los EEUU, no dudó en calificar el terremoto como un castigo divino. ¿El pecado? hace doscientos años, (sí, doscientos, no hablamos de alguna ofensa reciente al dios omnipotente y misericordioso) los haitianos decidieron pactar con el demonio, o diablo, o como quiera que se le llame, para que los liberara de los franceses. Suponemos que, a cambio, el diablo se quedaría con las almas de los haitianos que fueran muriendo desde entonces. La cuestión es que, a partir de ese momento, el pueblo de Haití está maldito. Y por aquello de los caminos inescrutables del señor dios, éste ha decidido, 200 años después, castigar a los descendientes de aquellos pecadores que hicieron tal pacto. Desde un punto de vista racional, no consigo ver donde puede estar la culpa de estas pobres gentes, por un supuesto acto que ocurrió hace dos siglos. Pero claro, por culpa de Adán y Eva la humanidad está condenada hasta el fin de los tiempos, y sólo por ejercer un poco de la curiosidad que en teoría el dios creador habría incluido en las características mentales de todo ser humano. Y por cierto, en aquel momento fue dios quien mintió a Adán. Según el Génesis 2:17: 17 pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás». Pero bueno, no vamos a irnos por las ramas... Sencillamente resulta increíble que alguien pueda utilizar el sufrimiento atroz de otros seres humanos para hacer publicidad de sus creencias.

-Sin embargo, el otro caso es mucho más cercano a nosotros. El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, no ha dudado en aprovechar esta misma catástrofe para "ilustrar" la situación espiritual de nuestra sociedad. Según sus palabras, "Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes están sufriendo". Es difícil pensar como explicar semejante declaración. Como mínimo, es vergonzosa, no solo para los católicos, sino para los que vivimos en el mismo país y, en extensión, creo que es indigna de un ser humano que sea capaz de reconocerse en el espejo...

Por supuesto, quiero aclarar que no estoy dando a entender que estos personajes representen a todos sus "semejantes", y mucho menos a la gente de a pie que comparte creencias religiosas. Pero son personas más o menos públicas que como mínimo deberían meditar (al menos un par de segundos) sus palabras antes de soltarlas al mundo.

P.D.: Estoy viendo que el "señor" Munilla no se ha retractado de sus declaraciones. Al parecer, efectivamente forman parte de una "reflexión teológica" ante el sufrimiento de los inocentes.

jueves, 14 de enero de 2010

Un momento para ayudar

Aún podemos hacer algo para ayudar a los haitianos que han sufrido el terrible terremoto que ha destruido la capital del país, Puerto Príncipe.

Como en otras muchas ocasiones, los que menos tienen son los que más sufren. Pero ahora podemos hacer algo, tender una mano, aunque sea virtual, para que puedan recuperarse lo antes posible.

Tragedias como estas nos ponen en nuestro sitio como especie, y nos hacen ver qué cosas son realmente importantes, y cuáles no lo son tanto.

miércoles, 6 de enero de 2010

La superioridad moral de la iglesia católica


La iglesia católica siempre presume de sus valores morales, y de que son los únicos valedores de esa moral superior y necesaria para que la convivencia en sociedad sea posible.
El pasado 20 de diciembre el arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, en su homilía del domingo, nos dio unas líneas generales relativas al aborto y a las mujeres que lo practican:

-Comparó al aborto con un "genocidio silencioso" y consideró que la nueva ley sitúa a los profesionales sanitarios, "médicos y enfermeras", en situaciones "muy similares" a las de los oficiales de los campos de concentración nazis, "en los que no podían rebelarse porque eran órdenes superiores". "Pocas imágenes en la historia más tristes que la que han ofrecido nuestros parlamentarios aplaudiendo lo que por fin se ha convertido en un derecho: matar a niños en el seno de la madre. ¿Y a eso le llaman progreso?"
-Los sanitarios se ven sometidos a unas "obligaciones" parecidas a las que tenían los soldados bajo el régimen de Hitler o de Stalin, "o en cualquiera de las dictaduras que existieron en el siglo XX y que realmente establecieron la legalidad de otros crímenes, menos repugnantes que el del aborto".
-"Porque es de cobardes matar al débil", dijo el prelado, quien hizo a continuación alusión a la "preciosa Edad Media, que nadie se atreve a recordar porque tampoco es políticamente correcto", época en la que, a su juicio, hubo "una orden militar cristiana" donde los caballeros "hacían el juramento de no combatir nunca con menos de dos enemigos a la vez, porque para un caballero cristiano era indigno combatir de igual a igual con quien no era cristiano. El mundo puede llamarlo estupidez. Yo le llamo valor"
-"Matar a un niño indefenso, y que lo haga su madre" da a los varones "licencia absoluta, sin límites" de "abusar del cuerpo de la mujer", porque "la tragedia se la traga ella, y se la traga como si fuera un derecho: el derecho a vivir toda la vida apesadumbrada por un crimen que siempre deja huellas en la conciencia y para el que ni los médicos ni los psiquitras ni todas las técnicas conocen el remedio"."Sólo existe una medicina para este crimen: el perdón, medicina que sólo conocemos los cristianos. Un médico que haya practicado cientos de abortos y que algún día caiga arrodillado, asombrado de su propia mezquindad humana, es abrazado por el Señor. Una adolescente engañada por el chico que abusó de ella o por sus padres, o por la imagen que tiene de sí misma, siempre tendrá en la Iglesia una casa, una familia y una madre".
-El arzobispo insistió en que "esta licencia para matar" no es más que un "primer paso" de "la pérdida de libertad en nuestra sociedad", que anuncia además "que estamos ya en una nueva y terrible dictadura -¡terrible!- y que la libertad es una palabra vacía". "Es el tipo de autoritarismo tiránico de las sociedades primitivas. Y nosotros lo permitimos con una pasmosa tranquilidad, lo consentimos sin alterarnos porque el show tiene que continuar, porque tienen que seguir el consumo y la fiesta".

Desde luego, me niego a comentar estas joyas de sabiduría y valores morales que nos enseña la moderna iglesia católica. Os remito al programa de ayer de El Intermedio, en la Sexta, donde hablaron de estas declaraciones, y de otras al estilo del padre Loring (sacerdote católico con un programa de televisión en la cadena católica CWTN), además de otras declaraciones al estilo, pero dichas por representantes del Islam.

A lo que no me niego es a pedir que la justicia tome cartas de una vez ante esta gente, y que no sigan estando por encima de la justicia, de la ley y de los demás mortales. Esto no se puede tolerar en un país democrático, laico y moderno. Estoy harto de que estos medievales machistas y retrógrados sigan vomitando pestes por sus rancias bocas y que nadie haga nada al respecto.

"Yo soy capaz de reconocer los aspectos positivos de la influencia de las religiones a lo largo de la historia. Por ejemplo, les debemos la creación de calendarios racionales que tan útiles han sido, aunque sinceramente, soy incapaz de recordar alguno más."
Isaac Asimov