martes, 10 de febrero de 2009

Termina la odisea de la familia de Eluana Englaro

Creo que estos últimos días todos hemos oído hablar de Eluana Englaro, y de su caso. Hemos escuchado su historia en todos los medios, la hemos leído en los diarios, y por supuesto, hemos escuchado y leído muchísimas opiniones al respecto de su situación, y lo que "debería hacerse" o "no debería hacerse".

También nos ha quedado bastante clara la postura de Berlusconi, a quien no le ha templado el pulso para hacer lo posible y lo imposible por cambiar las leyes para evitar el final de Eluana. ¿Es esta la imagen de la democracia? ¿cambiar la ley lo más rápido posible porque ocurre algo que no nos gusta personalmente? Pensemos entonces en qué puede convertirse la conviviencia democrática de un país si cada vez que ocurre un hecho concreto que desagrada al presidente del gobierno (empleado nuestro, no jefe, nosotros lo hemos elegido), este decide cambiar la ley para que se ajuste a sus gustos personales.

En cuanto a la Iglesia, bueno, su cinismo e hipocresía vuelven a ponerse de manifiesto una vez más. Ahora pretenden que se apruebe una ley que impida la repetición de casos como este. De nuevo intentando ejercer su poder en la sombra, intentando ser jueces y heraldos de la moralidad. Parecen olvidar que al final de la vida de Juan Pablo II, éste no quiso que alargaran su vida artificialmente, y murió en el Vaticano, en su habitación privada.

Y por supuesto, la gente de a pie, que con un fanatismo casi inhumano, intentó impedir el traslado de Eluana a la residencia donde dejarían de alimentarla. Todos intentando no solo opinar, sino intentando imponer su opinión y sus ideales sobre los de la familia de la joven.

A todos, les haría una pregunta: Supongamos que cualquiera de los que han intentado imponer sus ideas deciden, pongamos un ejemplo, comprar un coche, y de repente, sus amigos, familiares, vecinos, gente que no conoce, etc., empiezan a perseguirle y a decirle que no compre ese coche, que es mejor este, o aquel, o aquel otro, que no sabe lo que hace, etc. ¿Qué pensaría de ese acoso repentino?

De acuerdo, puede que este ejemplo sea algo mucho más banal, pero entonces, si la situación de Eliana es mucho más seria, y sobre todo, mucho más privada: ¿Con qué derecho nos creemos los demás para opinar sobre una situación que probablemente no conocemos ni siquiera de cerca? ¿Debemos siquiera opinar sobre qué haríamos nosotros en un caso similar?

Creo que deberíamos mordernos la lengua y pensarlo dos veces antes de dar nuestra opinión. Yo, como mucho, expresaría cual es mi postura, e intentaría imaginar qué haría en la situación del padre de Eluana.

Lo que no voy a hacer es dar mi opinión, ni decir qué debería hacer, o haber hecho, la familia de esta chica. Porque creo que ante todo debemos respetar lo que debe haber sido una de las decisiones más difíciles de estas personas. Sinceramente, espero no tener que tomar nunca una decisión de este tipo.

2 comentarios:

  1. A favor de la eutanasia y la libertad de elección siempre, por supuesto.

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  2. La re-ligion por definicion une a la gente, sin que importe que la creencia tras la cual se encolumnan sea absurda, como en este caso.

    Lo importante aqui es el presunto derecho de imponer sus convicciones sobre lo que los medicos y la propia familia opina, en este caso con fundamento etico y cientifico.

    Sin duda una familia no puede decidir que mata a uno de sus miembros y ese extremo es el que usa la iglesia para arrogarse el derecho a decidir por todos, como hace siempre: si legalizas el aborto habra millones, si distribuis preservativos no proteges del SIDA pero alentas mas relaciones etc etc.

    Claudio de Buenos Aires, mayo 2009

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